El Arte es una Actividad del Espíritu: El Camino Secreto de la Liberación
Hay emociones que se ocultan en las sombras del alma, esperando el momento de ser liberadas. No desaparecen con el tiempo, solo cambian de forma. Se convierten en insomnio, en un nudo en la garganta, en un peso invisible que cargamos sin darnos cuenta.
Pero existe un antiguo camino para transmutarlas. Un sendero que han recorrido los místicos, los sanadores y los soñadores de todos los tiempos: el arte.
Aristóteles planteo un concepto que hablaba de esta forma de purgar emociones, partiendo de lo que vivia un espectador al ver una tragedia griega. La catarsis.
La catarsis es el momento en que una emoción se desborda y, en su salida, deja espacio para la calma.
En la tragedia el espectador se ve reflejado en la obra y espeja en los personajes su propia vida, sus bajas pasiones, sus miedos. El observador se convierte en el protagonista por un momento y el vivir a traves de su historia, le permite aprender de sus propias pasiones, repeler lo que le oscurece y purificar lo que enaltece su espiritu.
Catarsis, es lo que ocurre cuando lloramos con una melodía que nos toca el alma, cuando un poema nos quiebra por dentro, cuando una imagen nos remueve las entrañas sin saber por qué.
Porque el arte no solo se mira. Se siente. Se habita. Se atraviesa.
Algo en él despierta lo que estaba dormido, nombra lo que no sabíamos que nos dolía y, sin que lo pidamos, nos ayuda a soltar.
Quien contempla una obra con el corazón abierto no solo ve colores o formas. Se ve a sí mismo reflejado en ellas. El arte se convierte en un espejo donde el alma reconoce lo que aún no ha dicho en voz alta. Y en ese reconocimiento, ocurre el milagro: la emoción se mueve, se transforma, encuentra su cauce y se libera.
No es necesario entenderlo con la mente, porque el arte actúa en otro plano. A veces, basta con abrir los ojos y dejarse tocar por lo que nos devuelve.